La Coctelera

"Morir és caure en el negre" (F. Serés)

30 Marzo 2009

Espanya o l'art de la negociació

La següent cita és per que anem prenent consciència. És de fa tres-cents vuitanta anys, però trobo que no ha perdut gens de vigència. La publico aquí perquè, més que un apunt polític, és un apunt històric.

Tenga V.M. por el negocio más importante de su Monarquia, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V,M. con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V.M. lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo.

Con todo, éste no es negocio que se puede conseguir en limitado tiempo, ni intento que se ha de descubrir a nadie, por confidente que sea, porque su conveniencia no puede estar sujeta a opiniones y cuanto es posible obrar en prevención y disposición, todo lo puede obrar V.M. por sí mismo solo, llevando esta mira con las advertencias breves, que aquí señalaré a V.M. para que, con su prudencia y la experiencia que los años y negocios le darán y con el valor que Dios le ha dado, en viendo la ocasión no la pierda en negocio tan importante, que ningún otro le es igual.

Presuponiendo la justificación a que me someto en primer lugar y no dudando de que la haya para que V.M. procure poner la mira en reducir sus reinos del estado más seguro, deseando este poder para el mayor bien y dilatación de la Religión Cristiana, conociendo que la división presente de leyes y fueros, enflaquece su poder y le estorba conseguir fin tan justo y glorioso, y tan al servicio de nuestro Señor, y conociendo que los fueros y prerrogativas particulares que no tocan en el punto de la justícia (que ésa en todas partes es una y se ha de guardar), reciben alteración por la diversidad de los tiempos y por mayores conveniencias se alteran cada día y los mismos naturales lo pueden hacer en sus Cortes, como pueden ser incompatibles con la conciencia, leyes que oponen tanto y estorban un fin tan glorioso y no llegar a ser un punto de justícia (aunque se haya jurado), reconociendo el inconveniente, se procure el remedio por los caminos que se pueda, honestando los pretextos por excusar el escándalo, aunque en negocio tan grande se pudiera atropellar por este inconveniente, asegurando el principal; pero, como dije al principio, en todo acontecimiento debe preceder la justificación de la conciencia.

Tres son, Señor, los caminos que a V.M. le puede ofrecer la ocasión y la atención en esta parte, u aunque diferentes mucho, podría la disposición de V.M. juntarlos y que, sin parecerlo, se ayudasen el uno al otro.

El primero, Señor, y el más dificultoso de conseguir (pero el mejor, pudiendo ser), sería que V.M. favoreciese los de aquel reino, introduciéndolos en Castilla, casándolos en ella, y los de acá allá, y con beneficios y blandura los viniese a facilitar de tal modo que, viéndose casi naturalizados acá con esta mezcla, por la adminsión a los oficios y dignidades de Castilla, se olvidasen los corazones de manera de aquellos privilegios que, por entrar a gozar de los de este reino igualmente, se pudiese disponer con negociación esta unión tan conveniente y necesaria.

El segundo sería, si hallándose V.M. con alguna gruesa armada y gente desocupada, introdujese el tratar de estas materias por vía de negociación, dándose la mano aquel poder con la inteligencia y procurando que, obrando mucho la fuerza, se desconozca lo más que se pudiere, disponiendo como sucedido acaso, lo que tocare a las armas y al poder.

El tercer camino, aunque no con medio tan justificado, pero el más eficaz, sería hallándose V.M. con esta fuerza que dije, ir en persona como a visitar aquel reino donde se hubiere de hacer el efecto, y hacer que se ocasione algún tumulto popular grande y con este pretexto meter la gente, y en ocasión de sosiego general y prevención de adelante, como por nueva conquista asentar y disponer las leyes en la conformidad de las de Castilla y de esta misma manera, irlo ejecutando con los otros reinos.

(Gaspar de Guzmán, Comte-duc d'Olivares, a Felip IV. "Recopilación del dictamen de la materia del estado de todos los reinos")

Tags: historia, espanya

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Arqueoleg Glamuros

Arqueoleg Glamuros dijo

Home, no es per ser el típic historiador tiquismiquis però la situació sociopolítica i el paper de la monaruqia han canviat bastant des del absolutime il·lustrat eh!!

31 Marzo 2009 | 06:02 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

( I )

Apreciado amigo,

Excelente artículo por lo que significa –por una parte- de lección de Historia real y huye de la oficial, que silencia u oculta estos “pormenores” ya que ésta, cómo propaganda de los vencedores, tan sólo publicita aquello que más puede interesar a sus intereses.

Por otra, pone ante nuestros ojos a través de los consejos del Valido de Felipe IV, en la mejor línea de Maquiavelo en el Príncipe, esa fuerza centrípeta que caracteriza al Poder en el Antiguo Régimen, que supuso un intento durante los Austrias y se convirtió en una realidad tras Felipe V y la llegada de los Borbones, no en vano era el nieto de Luis XIV, aquel que se consideraba así mismo como el propio Estado.

Pero, aunque tu huyas del matiz político, bueno será para conocimiento de todos –los menos informados y los interesados en su ocultamiento- que hagamos un breve recorrido por esa parte de la Historia de este país tan plural en tantas facetas –culturales, lingüistas, históricas, sociológicas, etc.- cuya negación por parte de algunos nos han llevado a conflictos aún no resueltos.

Pertenecía Olivares a una época en la que los hombres de Estado en toda Europa intentaban ejercer su control sobre todos sus pueblos y en esa línea, el Conde-Duque, veía en la “castellanización” de la Monarquía española la solución a muchos de sus problemas. La uniformidad legal supondría movilizar todos los recursos del Imperio de forma mucho más efectiva que bajo la división existente bajo la falta de unidad. Claro que esto suponía el rechazo de los reinos no castellanos que protestaban por tener que pagar tributos más gravosos para mantener un Imperio que únicamente beneficiaba a Castilla.

Siendo consciente de ello, en un memorial enviado al rey en 1.624 proponía que, al mismo tiempo que las leyes de los diferentes reinos se irían ajustando a las de Castilla, el carácter de la monarquía debería ir haciéndose menos exclusivamente castellano, por medio de visitas del rey a las diferentes provincias y por la designación de más portugueses, aragoneses e italiano en cargos importantes.

En esta línea de pensamiento creyó Olivares que dicho proceso podría iniciarse involucrando a los diferentes reinos en una política de cooperación común de defensa lo que ayudaría a resolver los problemas de recursos humanos y de capital necesarios y que amenazaban con abrumar a Castilla. Así fue como nació lo que se llamó la Unión de Armas y que venía a contemplar lo siguiente:

Cataluña ………………aportaría……………. 16.000 hombres
Aragón……………… aportaría……………. 10.000 hombres
Valencia………………..aportaría…………….. 6.000 hombres
Castilla y las Indias……... aportaría……………..44.000 hombres
Portugal………………...aportaría…………….. 16.000 hombres
Nápoles………………...aportaría……………...16.000 hombres
Sicilia…………………..aportaría……………... 6.000 hombres
Milán…………………..aportaría ………………8.000 hombres
Flandes…………………aportaría……………..12.000 hombres
Islas…………………….aportaría…………….. 6.000 hombres

Esta fuerza de 144. 000 hombres garantizaba que cualquier reino que se viese amenazado podría contar para su defensa con un auxilio inmediato de 20.000 hombres de infantería y 4.000 de caballería.

Pero este ingenioso proyecto contaba con no pocas dificultades. Los Estados de la Corona de Aragón, por ejemplo, poseían leyes extraordinariamente rígidas que regulaban el reclutamiento de tropas y su utilización más allá de sus fronteras (que tomen nota los defensores de la España única y unida tras Isabel y Fernando). A pesar de ello, el rey y Olivares se trasladaron, a finales de 1.625, a los tres Estados de la Corona de Aragón, a cuyas Cortes tenían que presentar el proyecto.

Las Cortes de Aragón, Valencia y Cataluña se reunieron en la primavera de 1.626 y no se mostraron muy entusiasmadas con esta idea. Hacía veinte años que no se reunían y durante este tiempo las quejas se habían ido acumulando. Tanto los aragoneses como los valencianos se mostraron reticentes a la novedad del subsidio e intransigentes en no aceptar el reclutamiento de hombres para que sirvieran en el extranjero. Pero las más recalcitrantes fueron las Cortes de Cataluña., inauguradas en Barcelona el 28 de marzo. Los catalanes se hallaban más ofendidos y disgustados que nunca. Desde la visita de Felipe III, en 1.599, había sufrido una serie de experiencias que les habían hecho muy sensibles ante las intenciones de los castellanos. Durante las primeras décadas del siglo los virreyes se habían mostrado incompetentes en la lucha contra los bandidos. El Gobierno del duque de Lerma había demostrado una falta de interés casi total por el mantenimiento del orden público en el Principado llegando a encontrarse Cataluña al borde de la anarquía. La situación se pudo salvar a la llegada del duque de Alburquerque, en 1.616, pero éste y su sucesor, el duque de Alcalá, contravinieron para ello las constituciones catalanas. Cuando Alcalá dejó su cargo, en 1.622, se había enajenado a todos los sectores de la comunidad, incluidos los municipios, aliados naturales de la administración, y ello debido a su actitud despectiva para con todo lo catalán y por su menosprecio a las leyes y privilegios del Principado.

Los catalanes vieron en los proyectos de Olivares una maniobra más de la antigua conspiración castellana de suprimir sus fueros y su posición se fue haciendo cada vez más cerrada a medida que las Cortes avanzaban. En un momento difícil de recesión comercial en el Mediterráneo no se sintieron partidarios de establecer compañías comerciales, entre ellas una Compañía de Levante, que tendría su central en Barcelona e hicieron oídos sordos a las súplicas de Olivares para una cooperación en las aventuras militares de la Monarquía. La primera preocupación de los catalanes era obtener satisfacción por los agravios del pasado y tener garantías para el futuro, y los rumores de que Olivares pretendía una Monarquía con “un rey, una ley y una moneda” no hicieron más que la decisión de resistir. Además, Olivares tenía demasiada prisa y no hacía otra cosa que cometer el error de violentar un procedimiento que por su naturaleza requería de tiempo. El 4 de mayo, el rey y su séquito salieron de Barcelona, dejando a las Cortes aún en sesión.

Los posteriores pasos de Olivares y de sus hombres en el Estado fueron dedicados a recaudar fondos para el sostenimiento de la política de la Monarquía. Pese al éxito del Conde-Duque por obtener más dinero a Castilla, todo el mundo sabía que estaba llegando el momento en que ésta se agotaría. Ello significaba que la Unión de Armas, para convertirse en realidad, tenía que pasar por obligar a Cataluña y Portugal –que pasaban por ser los dos Estados más ricos de la península- a desempeñar un papel más proporcional a sus recursos. Ambos Estados le parecían a Olivares peligrosamente separados del resto de la Monarquía. Los catalanes se habían mostrado aún más reticentes y se habían negado una vez más a aprobar un subsidio cuando el rey y Olivares habían acudido a Barcelona en 1.632, para reanudar las Cortes interrumpidas.

31 Marzo 2009 | 11:53 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

( II )

Hacía entonces treinta y tres años que los catalanes habían votado el último subsidio real y Olivares, que consideraba a Cataluña una rica provincia y la creía habitada por un millón de habitantes (aproximadamente el triple de su población real) consideraba que ya había llegado la hora en que Cataluña acudiese en ayuda de Castilla y de la hacienda real. Aunque el Conde-Duque arrancó ciertas cantidades mediante amenazas y chantaje, lo que realmente necesitaba era una ayuda financiera y militar regular. Esto no podía conseguirse sin reorganizar su gobierno, pero una reforma administrativa era prácticamente imposible en Cataluña, debido a que las constituciones prohibían a designación de castellanos para cualquier cargo que no fuese el de virrey.
El comienzo de la guerra con Francia, en 1.633, encareció enormemente la importancia estratégica del Principado de Cataluña. Ello hacía sumamente lamentable que las relaciones entre los catalanes y Madrid fuesen tan tirantes y que Olivares hubiese fracasado en obtener un subsidio de ellos, antes de que comenzase la guerra. Se hallaba ahora en la delicada situación de tener que hacer la guerra desde la frontera de una provincia desafecta, de cuya lealtad no podía fiarse y, al propio tiempo, necesitaba la ayuda de los catalanes para completar los escasos efectivos de Castilla y contribuir a los ingresos reales, pues no en balde el presupuesto para ese año (octubre 1.636-octubre 1.637) era de 13.098.000 de escudos.

Incapaz Olivares de obtener más de la mitad de esta suma de sus ingresos ordinarios y extraordinarios, no podía permitirse la ocasión de obtener unos millones de ducados más, aún cuando las posibilidades de éxito fuesen escasas. Como todos los acercamientos a los catalanes habían fracasado, empezó a jugar con la idea de obtener esa ayuda por medios más encubiertos. Decidió, en 1.639, que la proyectada invasión de Francia partiría de la frontera catalana, de modo que los catalanes se vieran envueltos en la guerra, les gustase o no.

Entre tanto, fue el ejército francés el que penetró en Cataluña y se apoderó de la fortaleza de Salses, lo que dio a Olivares una ocasión para empujar a los catalanes hacia la Unión de Armas. El conde de Santa Coloma, virrey catalán del Principado, recibió de Madrid la orden de movilizar el país, de modo que pudiera reforzar al ejército del Rosellón y ayudara a recuperar la fortaleza. El asedio continuó durante seis largos meses en condiciones tan duras que gran parte de las tropas, catalanas y no catalanas, desertaron. Furioso por esto, Olivares ordenó a los ministros reales del Principado que prescindiesen de las constituciones de Cataluña siempre que la buena marcha del ejército estuviese en juego., alegando que la ley suprema de defensa anulaba todas las leyes inferiores. Los procedimientos extra-constitucionales de los ministros confirmaron a los catalanes acerca de las intenciones últimas de Olivares e hicieron al Principado cada vez más renuente a cooperar en la campaña de Salses. El odio a Madrid, al virrey y a la administración virreinal, creció en toda Cataluña a medida que las órdenes del rey se hacían más duras y el país se veía constantemente presionado para que proporcionase más hombres y más pertrechos al ejército.

A consecuencia de esto, cuando los franceses entregaron la fortaleza, en enero de 1.640, el Principado se hallaba en una situación explosiva. La aristocracia, que había padecido graves perjuicios durante la campaña, odiaba y despreciaba a Santa Coloma por haber colocad los intereses de Madrid por encima de los intereses de sus colegas y compatriotas. Barcelona y los demás municipios se habían enemistado definitivamente con un Gobierno que por espacio de veinte años no había hecho más que intentar obtener dinero de ellos. Los campesinos habían sufrido grandes daños por la requisa de sus animales y sus cosechas. El Principado prestaba cada vez más oídos a las llamadas del clero para que se aferrara a sus históricos fueros, y hallaba una dirección responsable en la Diputació, encabezada por un clérigo decidido, Pau Claris, canónigo de la catedral de Urgell. A principios de 1.640, Olivares que había ganado una campaña, estaba a punto de perder una provincia.

Olivares, movido por la audacia que da la desesperación ante la gravedad por la que pasaba el Imperio debido al agotamiento de Castilla, decidió que los catalanes debían enviar tropas a Italia y prepararse para una nueva campaña en Francia. Si las constituciones suponían un freno debían ser modificadas, y no podía darse una situación más favorable para ello, pues un ejército real se hallaba estacionado en el Principado. Por tanto, dispuso que el ejército que había participado en la campaña de Salses se alojase en Cataluña y, a la sombra suya, pretendió convocar una nueva sesión de las Cortes, encaminada únicamente a enmendar las más perjudiciales de las constituciones.

Las proyectadas Cortes catalanas de 1.640 no se realizaron jamás. Los municipios catalanes y el campesinado no estaba dispuesto a soportar el alojamiento de un ejército extranjero, mientras que las tropas no se conformaban con ocupar un segundo lugar. Durante febrero y marzo se produjeron choques entre los soldados y población civil en muchos lugares del Principado, y el conde de Santa Coloma se vio incapaz de mantener el orden. El Conde-Duque respondió como lo había hecho en otoño del año anterior, con duras amenazas y con órdenes cada vez más imperiosas al virrey para que uno de los últimos ejércitos veteranos españoles fuese debidamente alojado, a cualquier precio, por la población civil.. A principios de marzo, en vista de que la situación no mejoraba, ordenó al virrey que uno de los diputats, Francesc de Tamarit, fuese detenido e iniciase una investigación secreta sobre Claris. Pero la detención de Tamarit empeoró una situación de por sí ya grave. El campesinado se agrupaba en todos lados contra los tercios, y los pueblos y ciudades del norte de Cataluña se hallaban en una situación inflamable. A últimos de abril, un oficial del rey fue quemado vivo en Santa Coloma de Farnés, y se ordenó a los tercios alojarse en el pueblo y en la comarca como castigo a la población por su crimen. Cuando llegaron a santa Coloma no se pudo evitar que la saqueasen y la quemasen. Esta acción provocó el levantamiento de toda la comarca. Animado por el obispo de Gerona, que había excomulgado a las tropas, un ejército cada vez mayor de campesinos cargó sobre los tercios, que consiguieron retirarse hacia la costa, con las tropas rebeldes pisándoles los talones. Al verse burlados, estos se dirigieron al sur, y, el 22 de mayo, un grupo de ellos consiguió entrar en Barcelona, se dirigió directamente a la cárcel y liberó al diputado encarcelado.

31 Marzo 2009 | 11:54 PM

Jose Dominguez Dominguez

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( III )

Sólo cuando la noticia de la liberación de Tamarit llegó a oídos de Olivares, éste se empezó a dar cuenta de que se enfrentaba a una franca rebelión. Hasta ese instante se había dejado guiar para los asuntos del principado por el protonotario Jerónimo de Villanueva, tipo tan antipático para los catalanes como ellos para él. El protonotario le había hecho creer que su política para el Principado estaba al borde del éxito y muy pronto éste sería un miembro manejable por la Monarquía española. Algunos ministros opinaban que la entrada de los rebeldes en Barcelona proporcionaba a Madrid el pretexto necesario para utilizar el ejército para castigar al Principado y suprimir sus fueros y leyes, pero el Conde-Duque comprendió que era necesario enfocar el problema de Cataluña dentro del contexto global de la Monarquía. Tenía que pensar en lo que hubiera supuesto para Aragón, Valencia y Portugal un ataque directo a los fueros catalanes, y debía tener presente la grave situación en Alemania e Italia, el agotamiento de los ejércitos españoles y los peligros que en un momento semejante entrañaría apoderarse de una provincia de la Monarquía por la fuerza de las armas, y el 27 de mayo ordenó que se dieran los pasos necesarios para conciliar y pacificar a los catalanes.

El cambio de dirección de Olivares llegó demasiado tarde. La sublevación de Cataluña estaba cobrando mayor ímpetu por sí misma, inspirada no sólo por el odio hacia las tropas y los funcionarios reales, sino también hacia los ricos y hacia las autoridades. Las bandas de rebeldes pasaban de ciudad en ciudad, arrastrando tras de sí a toda la región. Viendo que había perdido toda su autoridad y que la ley y el orden no eran respetados en ningún lugar, el conde de Santa Coloma suplicó a los consellers de Barcelona que cerrasen las puertas de la ciudad a los campesinos que siempre se concentraban en la misma a principios de junio para alquilarse para la siega. Pero los consellers no pudieron o no quisieron complacerle, los segadores entraron como siempre en la ciudad, y el 7 de junio de 1.640, se produjeron inevitablemente disturbios que tomaron, rápidamente, las proporciones de un levantamiento. El propio virrey se había refugiado en los muelles pero fue localizado por un grupo de campesinos y murió apuñalado.

La muerte de Santa Coloma dejó toda la autoridad en Cataluña en manos de la Diputació, los consellers y la aristocracia barcelonesa. Aunque consiguieron conducir a los rebeldes fuera de la ciudad, era imposible controlar un movimiento que se extendía por todo el Principado, tomando venganza de todos aquellos con los que los rebeldes no estaban de acuerdo. La muerte del nuevo virrey, el catalán duque. De Cardona, el 22 de julio sin haber conseguido detener la expansión de la anarquía, al mismo tiempo que los rebeldes se apoderaban del estratégico puerto de Tortosa, puso de manifiesto la necesidad del envío de tropas, a pesar del muy probable riesgo de guerra en una provincia fronteriza con Francia.

Olivares creía que los catalanes eran aún demasiado leales para solicitar la ayuda francesa, pero menospreciaba la decisión y el vigor de Claris y el odio hacia su Gobierno y hacia Castilla, que su política había inspirado a todos los sectores de la sociedad catalana. Poco tiempo antes, Claris había llevado a cabo algunos intentos de acercamiento a los franceses y, Richelieu, que había demostrado conocer las posibilidades de crear dificultades tanto en Cataluña como en Portugal, se mostró dispuesto a proporcionar ayuda. Durante el otoño de 1.640, Claris y olivares se enfrentaron. Claris deseaba evitar la necesidad de comprometer al Principado en una guerra abierta con Madrid, y Olivares deseaba igualmente evitar la necesidad de recurrir a las armas contra los catalanes. “En medio de todos nuestros trabajos”, escribía en octubre el Conde-Duque al Cardenal Infante, “el de Cataluña es el mayor que jamás hemos tenido, y mi corazón no admite consuelo de que vamos a una acción en la cual, si mata nuestro ejército, mata a un vasallo de Su Majestad, y si ellos, un vasallo y un soldado….. Sin humana razón ni ocasión se han arrojado a una rebelión tan formada como se haya hoy la de Holanda”.

Pero las cosas iban a empeorarse. Portugal, con la posible complicidad de Richelieu que envió fondos a los rebeldes, el 1 de diciembre asesinaba a Miguel de Vasconcellos, la princesa Margarita llevada hasta la frontera y el duque de Braganza nombrado rey. Mientras esto ocurría, un ejército al mando de los Vélez se iba acercando a Cataluña. Olivares ofrecía ahora condiciones más favorables a los catalanes y las clases altas parecían dispuestas a aceptarlas pero el pueblo estaba cada vez menos dispuesto a rendirse. Se sublevó en Barcelona el 24 de diciembre, persiguiendo a los “traidores” con un salvajismo superior al de la jornada del Corpus, y Claris, enfrentado por un lado con la furia del pueblo y por otro con el avance del ejército castellano, se decidió por la única salida que le quedaba. El 16 de enero de 1.641, anunció que Cataluña se había convertido en una república independiente bajo la protección de Francia. Luego, el 23 de enero, al ver que los franceses no habían quedado satisfechos, renunció a un sistema de gobierno republicano y proclamó formalmente la obediencia de Cataluña al rey de Francia, “como en el tiempo de Carlomagno, con el pacto de observar nuestras constituciones”. Los franceses estaban ahora dispuestos a conceder a los catalanes toda la ayuda militar necesaria. El agente francés, Duplessis-Besancon, organizó la defensa de Barcelona, y el 26 de junio fuerzas franco-catalanas hicieron frentre al ejército de los Vélez en la montaña de Montjuich.. Inexplicablemente, los Vélez dio la orden de retirada y se perdió la última oportunidad de poner fin a la sublevación.

1.640, había señalado, de hecho, la disolución del sistema económico y político del que la Monarquía había dependido durante tanto tiempo. Había asistido a la dislocación y a la decadencia del sistema comercial sevillano, que había dado a la Corona española plata y crédito, y también a la disgregación de la organización política de la península española, heredada de los Reyes Católicos y transmitida intacta por Felipe II a sus descendientes. Esta misma desorganización política era el resultado de la crisis del reinado de Felipe III, la crisis de la economía atlántica a medida que el Nuevo Mundo se fue cerrando sobre sí mismo, y la crisis de la economía castellana, minada por largos años de abuso y por la extorsión de una guerra interminable. Al intentar explotar los recursos de las provincias periféricas, Olivares había intentado restablecer el equilibrio de una balanza que se había ido inclinando cada vez más contra Castilla, pero lo hizo en un momento en que las economías de Cataluña y Portugal se veían sometidas a presiones cada vez mayores y cuando Castilla no tenía ya bastante fuerza para imponer su voluntad por medio de una afirmación militar. Olivares había sometido la frágil estructura constitucional de la Monarquía española a una presión excesiva, y la había precipitado al desastre que era necesario evitar a toda costa.

31 Marzo 2009 | 11:56 PM

Jose Dominguez Dominguez

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( IV )

Tras la derrota de Montjuitch Olivares comprendió que había perdido la partida. No tenía ni dinero ni hombre para continuar eficazmente la guerra en el extranjero y para, al mismo tiempo, sofocar dos revoluciones en el interior. En toda Castilla se le odiaba y se le consideraba un tirano, pero el peligro real le venía no tanto del pueblo sino de los Grandes. En el verano de 1.641, sus agentes desarticularon una conspiración dirigida por dos Grandes nobles andaluces, el duque de Medina-Sidonia y el marqués de Ayamonte, miembros ambos de su propia familia. Medina-Sidonia era hermano de la nueva reina de Portugal y parece ser que los planes no eran sólo la destitución de Olivares, sino convertir Andalucía en un Estado independiente.

En abril de 1.642, el rey y Olivares salieron para el frente de Aragón, donde el ejército no obtuvo más éxitos que antes de su llegada. En el mes de septiembre los franceses completaron la conquista del Rosellón apoderándose de Perpiñán, y en octubre el ejército mandado por el primo del Conde-Duque, el marqués de Leganés, fue derrotado cuando intentaba recuperar Lérida.

Los años 1.647-1.648, que vieron el acuerdo de paz entre España y los holandeses, vieron también cómo España escapaba por muy poco al desastre total. Sublevadas Cataluña y Portugal, existían todas las posibilidades de que las restantes provincias se esforzasen, tarde o temprano, por seguir su ejemplo. Una de las mayores suertes de la casa de Austria fue que los Estados de la Casa de Aragón, difíciles e intratables por separado, no acudieron jamás unos en ayuda de los otros en caso de emergencia.. Si Aragón y Valencia hubiesen acudido en ayuda de los catalanes, la península Ibérica de mediados del siglo XVII hubiese vuelto a la situación de mediados del XV, dividida en tres bloques. Portugal, Castilla y la Corona de Aragón.

El Gobierno de Madrid podía parecer intolerable, pero la alternativa podía resultar ser infinitamente peor. Hacia 1.640 la aristocracia catalana estaba tan descontenta como la del rsto de la nación y se dejó arrastrar a la revolución junto a los demás sectores del país. Pero pronto quedó de manifiesto que una revolución que había empezado como un movimiento para liberar a Cataluña de la denominación de Madrid, tenía ciertos matices de revolución social, que amenazaba con someter la aristocracia a la voluntad del pueblo. Todos los odios que habían desgarrado a Cataluña en las décadas anteriores –el odio del pobre por el rico, el de la población rural desocupada hacia el terrateniente burgués o aristócrata- salieron a la superficie durante el verano y el otoño de 1.640, al debilitarse o desaparecer las fuerzas tradicionales del orden. Al fallecer Claris, poco después de la batalla de Montjuitch, no quedaba nadie con el prestigio suficiente para frenar a los muchos elementos anarquistas de la sociedad catalana. Bajo un Gobierno controlado por los franceses, el Principado quedó postrado, dividido en luchas de partidos por los antagonismos sociales y las rivalidades familiares y, uno tras otros, los nobles fuern pasando la frontera de Aragón, pues estimaban que el Gobierno de Felipe IV era preferible al de uno de politicastros que recibían órdenes del rey de Francia.

Don Luis de Haro, sucesor de OIlivares, fue lo suficiente astuto para volver en provecho propio las divisiones internas de Cataluña en una época en la que el gobierno francés, bajo el impulso del italiano Mazarino, desviaba su atención de Cataluña hacia Italia. Al disminuir el esfuerzo militar francés en Cataluña y al extenderse los cismas en la sociedad catalana, en Madrid renació la esperanza de que los catalanes pudiesen ser conducidos de nuevo al redil. Lentamente los débiles ejércitos de Felipe IV fueron penetrando en el Principado cuya capacidad de resistencia se veía terriblemente minada por el hambre y poco después por la epidemia. Mazarino, preocupado por la Fronda, no pudo enviar la ayuda necesaria y a principios de 1.651, las posiciones francesas se derrumbaron por todas partes. En julio del mismo año, el ejército del marqué de Mortara, que tenía su base en Lérida, se unió a las fuerzas de Tarragona que estaba al mando del hijo bastardo de Felipe IV, Don Juan José de Austria, y los dos ejércitos unidos marcharon sobre Barcelona. Eran demasiado débiles para lanzar un asalto directo a la ciudad, pero la capital estaba incomunicada y muy pronto el hambre empezó a hacer estragos en su interior. Finalmente, el 13 de octubre de 1.652, Barcelona se rindió. Tres mese después, Felipe IV concedía una amnistía general y prometía observar todas as leyes y fueros del Principado. Tras doce años de separación Cataluña volvía a formar parte de España.

En 1.659, tras unas dilatadas negociaciones en la Isla de los Faisanes, se llegó finalmente a un acuerdo de paz franco-español. Las cláusulas del Tratado de los Pirineos no eran tan favorables a las ofrecidas por Mazarino en 1.656. España cedía el Artois, el condado del Rosellón y parte de la Cerdeña, regiones que Fernando el Católico había recuperado de Francia en 1.493. También se llegó al acuerdo del matrimonio de la hija de Felipe IV, María Teresa, con Luis XIV (que tendría consecuencias no previstas entonces, debido a la imposibilidad de hacer frente a la dote).

Tras las miserias de todo orden que acompañaron a la regencia y breve reinado de Carlos II, la muerte sin descendencia del mismo aumentaron las postraciones de España. La Guerra de Sucesión condujo a que el duque de Anjou fuese coronado rey de España en 1.701 con el nombre de Felipe V, y los tratados de Utrecht, en 1.713, finiquitaron los restos del Imperio español en Europa.

La extinción de la dinastía de los Hagsburgo y el desmembramiento de su imperio, fueron seguidos por el gradual desmantelamiento del sistema de gobierno de los Austrias. Felipe V llegó a Madrid acompañado de varios consejeros franceses, el más famoso de los cuales era Jean Orry. Éste reorganizó la Corte según el modelo francés. El más importante de todos los cambios introducidos por los Borbones era el que iba a producirse en las relaciones entre la Monarquía y la Corona de Aragón. En el moderno estado centralizado que los Borbones intentaban establecer, la permanencia de las autonomías provinciales parecía cada vez más anómala. Por un momento, pareció que la Corona de Aragón sobreviviría al cambio de régimen con sus privilegios intactos. Obedeciendo los dictados de Luis XIV, Felipe V se trasladó a Barcelona en 1.701 para presidir una sesión de las Cortes catalanas, las primeras que se convocaban después de las malogradas reunidas por Felipe IV en 1.632. Desde el punto de vista de los catalanes, estas fueron unas de las Cortes que mejores resultados proporcionaron. Las leyes y privilegios del Principado fueron confirmados y Felipe V concedió nuevos e importantes privilegios, entre ellos el derecho al comercio limitado con el Nuevo Mundo. Pero los propios catalanes vieron que había algo incongruente en la concesión de un trato tan generoso a los fueros provinciales por parte de una dinastía conocida por su carácter autoritario. No podían olvidad tampoco el trato recibido de Francia duyarnte la sublevación de 1.640-1.652 y los terribles daños causados en el Principado por las invasiones francesas durante los últimos años del siglo XVII. No era, por tanto, sorprendente que a medida que la popularidad de Felipe V crecía en Castilla, disminuyese en Cataluña. Finalmente, en 1.705, los catalanes solicitaron y recibieron ayuda militar inglesa y proclamaron al pretendiente austriaco, el archiduque Carlos, rey de España con el nombre de Carlos III. Las tropas aliadas fueron recibidas entusiásticamente en Aragón y Valencia y la Guerra de Sucesión española se convirtió en una guerra civil entre las dos partes de la península unidas, en teoría, por Isabel y Fernando.

En esta ocasión, Cataluña, a pesar de seer ya una nación más moderna y responsable que en 1.640, demostró haber cometido un error desastroso. El gobierno del archiduque Carlos en Barcelona resultó ser lamentablemente incapaz y probablemente se hubiera hundido en pocos meses si no hubiese estado apoyado por sus aliados. Aragón y Valencia cayó en manos de Felipe V en 1.707 y fueron drásticamente desposeídos de sus leyes y privilegios como castigo por haber apoyado al bando vencido. Cuando el gobierno “tory” firmó la paz con los franceses dejó en la estacada a los catalanes, como antes lo habían hecho los franceses durante la sublevación contra Felipe V. Enfrentados a la alternativas igualmente negras, entre rendirse o resistir a ultranza, los catalanes prefirieron resistir, y durante unos meses la ciudad de Barcelona hizo frente con extraordinario heroísmo al ejército sitiador. Pero el 11 de septiembre de 1.714, las fuerzas de los Borbones lanzaron su último asalto y la resistencia de la ciudad se vino inevitablemente abajo. A partir del 12 de septiembre de 1.714, Felipe V, a diferencia de Felipe IV, no era tan sólo rey de Castilla y Conde de Barcelona, era también rey de España.

31 Marzo 2009 | 11:57 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

( V )

A la caída de Barcelona, siguió la destrucción total de las instituciones catalanas tradicionales, incluidas la Diputació y el Consejo de Ciento de Barcelona. Los proyectos de reformas del Gobierno fueron codificados en el llamado Decreto de Nueva Planta, promulgado el 16 de enero de 1.716. Éste documento señala, en efecto, la transformación de España de un conjunto de provincias semi-autónomas en un Estado centralizado. Los virreyes de Cataluña fueron sustituidos por capitanes generales que gobernaron en combinación con la Audiencia real que despachaba todos los asuntos en castellano. El Principado fue fragmentado en una nueva serie de divisiones administrativas semejantes a las de Castilla y dirigidas por corregidores de acuerdo con el modelo castellano. Incluso las universidades fueron suprimidas y reemplazadas por una nueva universidad realista, creada en Cervera. El objetivo de los Borbones era acabar con la nación catalana y suprimir las tradicionales divisiones políticas de España. Nada expresa mejor sus intenciones que la abolición del Consejo de Aragón, ya en 1.707. En el futuro, los asuntos de la Corona de Aragón serían estudiados y despachados por el Consejo de Castilla, que se convirtió en el principal órgano administrativo del nuevo Estado borbónico.

España, bajo el gobierno de los Borbones, llevaba camino de ser centralizada y castellanizada, pero la transformación tuvo lugar en un momento en la que la hegemonía económica castellana había pasado a la historia. En cambio, se imponía arbitrariamente un gobierno centralizado a las más ricas regiones periféricas, y éste tenía que ser sostenido por la fuerza de una Castilla económicamente atrasada. El resultado fue una estructura trágicamente artificial que obstaculizó constantemente el desarrollo político de España, ya que durante los dos siglos siguientes, el poder político y económico se verían permanentemente divorciados. El centro y la periferia siguieron, por tanto, siendo antagónicos y los viejos conflictos regionales se negaron resueltamente a desaparecer. El antagonismo Castilla-Aragón no podía ser sumariamente suprimido de un plumazo, aunque la pluma fuese se un Borbón.

Amigo, te ruego disculpes tan larga perorata pero resulta imposible sintetizar aún más el relato de estos hechos históricos. Entiendo que son suficientemente objetivos y nos permiten observar que esa España monolítica presente en determinado imaginario está muy lejos de ser realidad. También resulta evidente que la defensa de unos interese dinásticos `por encima de los de los pueblos nos condujeron por un tobogán imparable de guerras interminables que agotaron los hombres y los recursos del país y exacerbaron las diferencias y conflictos internos.

Un abrazo

(Espero tu corrección si entiendes que algo de los expuesto por mí no se ajusta a la realidad histórica).

31 Marzo 2009 | 11:58 PM

Cristina

Cristina dijo

N'hi ha per dir "Ho heu vist? La mare que els va parir!!!"

Bé, jo deprés de fer història del dret espanyol i veure com es carregaven una bona part del dret educadament, es a dir eliminant els òrgans que el van renovant com són Parlaments i demés, no m'esperava res de diferent.

El què és una pena es que aquesta idea encara persisteixi, per que l'únic que provoca són conflictes entre diversos territoris, i les dues espanyes segueixen existint, però no coexistint.

Fa llàstima, que per culpa de finalitats partidistes, gairebé no pugis trepitjar territori d'altres comunitats i dir que ets català sense que et mirin malament.

Però el pitjor de tot no ha arribat, ja que arribarà un moment, tal i com pronostica el llibre "L'últim home que parlava català" en que es carregaran també aquesta llengua nostra, i tant nostra.

(K)(L) Panflet polític com el treball de unitat i uniformitat en el dret, cosa que encara confonen unitat un codi uniformitat un per a tots i que els drets forals es fastigueigin.

19 Abril 2009 | 08:30 PM

sepharad

sepharad dijo

Disculpeu-me tots per la llarga absència.

Arqueòleg: no t'ho nego; només ho publicava perquè, si bé la situació política i social ha canviat força, sembla que algunes opinions cavernícoles estan en el mateix punt del Terciari.

Jose: ten por seguro que leeré todos tus comentarios, aunque no creo que pueda hacer ninguna corrección (aquí eres tu el experto). Ahora mismo no dispongo del tiempo suficiente, però en cuanto pueda publicaré una respuesta.

Cristina: error! no deies que Catalunya no tenia drets forals? Bromes a part, es nota que el tema aquest d'"unitat i uniformitat" t'agrada. Mare de déu, si ho has repetit a la recensió de l'Egea fins a la sacietat! Per cert, espero que no t'oblidis que això és Espanya. I aquí, les coses canvien, però sovint (no sempre, però) els canvis són: a) Lents; b) A pitjor. (K)

19 Abril 2009 | 09:32 PM

Arqueoleg Glamuros

Arqueoleg Glamuros dijo

Sepharad, moltes gràcies per la teva crítica punyent peró acertada!

Prometo que aquest post entrarà al meu top de ficades de pota històriques. Suposo que els avorridissims estius d'infantesa que vaig passar al meu poble em van traumatitzar en excés!! M'hauré adentrar més sovint a les ignotes terres que s'estenen més enllà del Llobregat!!

Una abraçada i... ACTUALITZAAAA!!

26 Abril 2009 | 10:59 AM

sepharad

sepharad dijo

És que tinc molta feina! Faig el que puc!

Una abraçada, company!

27 Abril 2009 | 10:22 PM

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El 17 de novembre de l'any 2006, un estudiant desequilibrat i excèntric, encoratjat per alguna mena de sentiment estrany, va obrir aquest bloc amb la intenció de... bé, tant és. Actualment continua desenvolupant una intensa tasca de recerca filosòfica utilitzant com a eines fonamentals la música i l'escriptura espontània. Un dia o un altre trobarà el veritable sentit de la vida; mentrestant, deixem-lo que gaudeixi amb aquestes activitats bohèmies, que tan inútils resulten per a la supervivència de la seva espècie...

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